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Santos y Escritores

San Martin de Porres viajo por todo el mundo sin que su cuerpo abandonase lima. Sor María de Ágreda evangelizo a los indios en Méjico
sin dejar ni un solo día su celda en el convento franciscano de Agreda, en Soria. San Ignacio de Loyola visito al rector de un colegio en
Colonia mientras su cuerpo permanecía en Roma. Son solo tres ejemplos de los muchísimos que se podrían citar de cantos y místicos que
en un momento determinado fueron vistos en otros lugares distintos a los que se encontraban sus cuerpos.
El Padre Pío, que según innumerables testigos, fue capaz de estar en varios lugares a la vez.
Uno de los casos más extraordinarios es el de Sor María de Ágreda, que sin abandonar el convento hasta el día de su muerte, en 1665,
realizo al menos unas quinientas bilocaciones, en su mayoría destinadas a evangelizar a los indios de Méjico, en el otro lado del océano.
Entre estas sorprendentes experiencias, perfectamente documentadas, se incluía el reparto de rosarios entre los nativos, que de forma
misteriosa pasaron de un cajón del convento a las manos de los indios. ¿Viaje extracorporal o milagrosa bilocación? Si bien en muchas
ocasiones los testigos que han visto al doble de los místicos los describes como de aspecto algo etéreo, o ausente, en otras muchas
muestran una indudable presencia física, se pueden tocar, dejar objetos, como los rosarios de Santa María de Ágreda.
Su presencia física parece incuestionable. Para algunos investigadores esta apariencia física, e incluso la acción sobre la materia, podría
tener lugar durante una experiencia fuera del cuerpo, sin tener que recurrir a explicaciones milagrosas. Hay algunos casos conocidos de
personas que durante sus viajes extracorporales has sido capaces de transportar objetos físicos hasta el lugar donde ha viajado su
cuerpo inmaterial. El fenómeno de las apariciones extracorpóreas es universal. Si en la religión cristiana hay casos como los
mencionados, o los más recientes de Teresa Higginson, una asceta británica que en el siglo XIX también se dedicó a difundir la palabra
de Dios entre los indígenas del centro de África, sin salir de Inglaterra, o el del padre Pío, que socorrió a distancia a decenas de personas
que aseguraron haberlo visto a su lado, aunque físicamente se encontrase a miles de kilómetros de distancia, en el hinduismo son
innumerables los casos de yoguis y swamis a los que se les atribuyen prodigios similares.
En los Yoga Sutras de Patanjali ya se menciona que la facultad de dejar el cuerpo es algo que está al alcance de los maestros. A
principios de los años setenta, dos investigadores, Karlis Osis y Erlendur Haraldsson, realizaron en la India un estudio sobre las
supuestas bilocaciones de líderes religiosos como Sai Baba, o el místico Dadaji, y reunieron numerosos testimonios de quienes habían
sido testigos en alguna ocasión de estos prodigios. Pero no sólo los místicos pueden dejar su cuerpo, este fenómeno está al alcance de
cualquiera. Goethe, Dostoievski, Hemingway, Allan Poe y Guy de Maupassant tienen algo en común. En un momento de su vida tuvieron
una, o varias, experiencias extracorporales. Se vieron a sí mismos fuera del cuerpo y de esta forma tomaron consciencia de que la
realidad física que nos rodea no es la única verdad de la existencia. Son un ejemplo de quienes, sin ser santos ni místicos, pasaron por el
trance de hacer un viaje fuera de su organismo físico.
Hemingway dejó su cuerpo durante unos instantes cuando le estalló una bomba a su lado durante la primera guerra mundial. «Sentí que
mi alma o lo que fuera salía de mi cuerpo, como se tira un pañuelo de seda para sacarlo del bolsillo. Flotó algún tiempo hasta que al fin
regresó y entró de nuevo. Entonces dejé de estar muerto». Dostoievski y Edgar Allan Poe no tuvieron tanto la sensación de estar fuera
de su cuerpo, sino la de ver a su doble, a su otro yo, lo mismo que Guy de Maupassant, a quien su doble se le apareció en diversas
ocasiones, dictándole en ocasiones lo que debía escribir. Goethe también vio en una ocasión a su doble y en otra al de su amigo
Frederick, que se le apareció en medio de una tormenta vistiendo camisón, gorro de dormir y zapatillas. El genial escritor pensó que la
aparición se debía a la muerte de ese amigo, y que estaba presenciando su fantasma, pero al regresar a su casa lo encontró sentado en
el cuarto de estar y vistiendo el mismo atuendo con el que momentos antes le había visto en la calle. Éste le contó que la tormenta le
había sorprendido mojando todas su ropas, por lo que las había cambiado por otras secas, cayendo dormido por el cansancio y soñando
que salía al encuentro de Goethe, como así sucedió, aunque no con el cuerpo físico.


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